martes, marzo 31, 2009

El parloteo mental cesa cuando hay que parlotear en la vida real. Que en verdad no es más real que la vida del parloteo mental, pero podría decirse que es más parecido a algo tangible y "real" que aquellas imágenes difusas producidas en la corteza cerebral...
Entonces, en soledad cuando no hay parloteo real, aparece el parloteo mental, ése que no se detiene y que mantiene ocupados mis pensamientos, mientras me aleja de la realidad REAL también...
Y quizás es por eso que camino sin mirar y que siento un gran alivio cuando el parloteo mental cesa al escuchar una voz REAL o una canción REAL o un sonido digno de escucha que sea real REAL...
Sí, porque no sólo de conversaciones "no-reales" está compuesto mi parloteo mental, sino también de muchas canciones que resuenan eternamente en mis oídos "no-reales"
Y es que esta cosa de la realidad y la no-realidad a veces están tan juntas y hermanadas que podrían confundir a cualquier tipejo crédulo e inocentón...
Sipo, si al final todo es real REAL, porque si mi corteza existe en la realidad REAL, entonces mi sinapsis existe en la realidad REAL, y si mi sinapsis existe en la realidad REAL mi parloteo mental también es real REAL...
y ahí volvemos a la misma confusa premisa del principio y de ella se podría decir que los elefantes azules que mi tío ve volando por todas partes son tan reales como mi REAL parloteo mental
Sólo que supuestamente yo sé que mi parloteo mental REAL es más mental que REAL, en cambio mi tío de los elefantes azules cree que son más REALES que mentales...
y entonces? bueno, pues entonces yo soy normal y mi tío es anormal

domingo, marzo 15, 2009

El viejo caminaba a paso lento delante de nosotros. No fue difícil alcanzarlo y pasarlo, y me sentí como la liebre mala que le gana a la buena y lenta tortuga. Y así me quedé pensando en el viejo y en nuestra indiferencia frente a su lentitud y su debilitado cuerpo ¿le molestará no poder andar más rápido? ¿le molestará no poder caminar como antes, ser fuerte como antes? ¿qué pasará por su cabeza al verse rodeado de jóvenes que de pronto lo alcanzan y en un abrir y cerrar de ojos lo pasan y lo dejan muy muy atrás? Claramente no teníamos la intención de acompañarlo y no, no lo habríamos ayudado a andar más rápido... pero, ¡qué penca ser viejo! Viejo e incomprendido e invisibilizado. ¿Habrá algo que compense la fatiga? ¿Nos volveremos más sabios por último? Ojalá que sí, porque sólo un viejo sabio no se picaría por quedar tan tan atrás de estos jóvenes incautos.